
Así es de quién más iba a ser culpa sino de la vaca, que se pasea muy tranquila por la mitad de la calle.


Así es de quién más iba a ser culpa sino de la vaca, que se pasea muy tranquila por la mitad de la calle.

En un país donde la indigencia es elevada, uno se pregunta que tan bien la pasan estas personas que prácticamente están en la interperie y que no tienen las condiciones dignas que cualquier ser humano debería tener y que además reciben por parte de algunas personas el adjetivo de “desechables” y mucho de ellos duermen en la calle. Contrario de lo que uno podría creer (por lo menos yo) que la vida de estas personas es una miseria, pero no, si uno se detiene a mirar, ellos viven… cómo decirlo, a gusto con su condición, y es algo que no entiendo, dormir en la calle no se ve que sea muy placentero, sobretodo en una ciudad en la que en horas de la madrugada el frio es insoportable, y uno los ve dormir placenteramente.



O al menos eso nos hacen creer desde arriba, la verdad es que la situación en Ibagué no es que ande muy bien con lo referente a los campesinos desplazados, lo sucedido en esta ciudad no es más que pequeño reflejo de la actual situción por la que pasa Colombia. Ya que mientras el presidente se la pasa peleando con todo el mundo, debilitando la institucionalidad del país, los pobres campesinos se están enfrentando con graves problemas de desplazamiento, dejando entrever que la llamada seguridad democrática definitivamente no está funcionando, porque el hecho de que más de cinco mil(5000) campesinos se encuentren protestando por este tipo de situaciones no es normal, es claro que algo falla en Colombia. Pero que va, Colombia anda bien, el desempleo disminuye(ja) la economía sube(jaja) y la seguridad ha mejorado(jajajajajaja).

La imagen habla por si sola

Parque Murillo Toro, frente a la Gobernación del Departamento del Tolima

En Ibagué, en el barrio San Diego, hace más de un mes una señora fue desalojada de una casa que tenía en arriendo, cabe hacer notar que este se hizo de forma violenta; a pesar de que las autoridades saben esto, no se ha hecho nada. Es verdad que Colombia es Pasión, pero hay que recordar que a pesar de ser el país del sagrado corazón, pareciera que este a veces ni siquiera tuviera corazón, pues esta señora tiene todas sus pertinencias en la calle cubiertas por un plastico negro y se la pasa todo el día en una silla sentada junto a su perro en un andén cuidando sus pertenencias, es por cosas como estas que vive Colombia sufre por ella.

Imagenes de como quedaron las pertenencias de esta señora, hoy después de más de un mes la situación no ha cambiado nada.

Recuerda, alma mía, aquello que vimos
una hermosa mañana de verano suave:
una carroña asquerosa, al borde de una senda,
en lecho muy pedregoso,
piernas arriba, como una mujer lúbrica,
ardiendo y rezumando veneno,
en actitud indolente y cínica abríase
su vientre con mil emanaciones.
Sobre esa podredumbre el sol brillaba
como para cocerla en su fuego,
devolviendo a la Naturaleza y centuplicándolo,
todo cuanto ella reunió.
El cielo contemplaba tan espléndida osamenta
que maduraba y expandía como una flor.
Pero tan fuerte era el hedor que creíste
desmayarte sobre la hierba y caer.
Las moscas revoloteaban por aquel pútrido vientre,
del que salían densos batallones
de larvas negruzcas que parecían fluir
como espeso líquido sobre tales restos vivos.
Todo subía y bajaba, igual que las olas,
o incluso se desgajaba con crujidos;
dijérase que, con indeciso soplo, el cuerpo
vivía y se multiplicaba.
Conjunto era con música extraña,
evocando el agua que mana o el viento,
o el grano que rítmicamente el cribador
agita y da vueltas en su criba.
Se borraban las formas, sólo eran ensueño,
un esbozo apenas trazado,
como olvidado en la tela y que el artista
ultima solamente por los recuerdos.
Tras las rocas, una perra inquieta
con ojos furiosos nos miraba,
acechando la ocasión de seguir mordiendo
en aquella osamenta abandonada.
-Y sin embargo, ya sabes, basura serás,
igual que esta carroña infecta,
¡ay, tú, estrella de mis ojos, sol de mi vida,
tú, ángel mío, pasión mía!
Sí, así serás, oh tú reina de los encantos,
así te verás tras recibir los sacramentos,
cuando bajo la hierba y las flores
raíces eches entre mil y mil huesos.
Cuando eso ocurra, ay belleza querida, di a
los gusanos que con besos te roan,
que conservé la forma y la divina esencia
de mis amores aunque ya sin presencia.
Charles Baudelaire
