Al momento que escribo estas líneas me encuentro viajando entre la ciudad de Ibagué y Puerto Boyacá, el viaje en términos generales fue productivo, sustenté mi proyecto de grado, o tesis como algunos insisten en llamar un trabajo de pregrado que pese a ser un trabajo investigativo, no cuenta con la profundidad que si encontraría uno por ejemplo en una maestría. Mi trabajo era un vídeo documental que versa sobre las representaciones sociales que forjaron los habitantes de Puerto Boyacá después de la violencia que se generó en este municipio entre las décadas de los ochentas y los noventas, producto del accionar paramilitar en la región. La elaboración de este proyecto me tomó algo más de dos años, esto en gran parte por diferentes motivos que obstaculizaban el pleno desarrollo de la investigación, pero al fin terminé mi proyecto, el documental gustó y aunque lo considero un producto terminado aún faltan cosas por pulirle, entre ellas la consecución de la música original, puesto por ahora, por ser un ejercicio académico, no tuve que pagar derechos de autor, pero una vez lo piense presentar en convocatorias para festivales y concursos tendría que hacerlo o simplemente poseer una música original, lo que además de ser más viable económicamente, le daría más fuerza al trabajo y una identidad propia, por lo que en estos momentos estoy en conversaciones con un músico profesional egresado del Conservatorio del Tolima una de las academias musicales más importantes de Colombia.
Por otra parte de solucionar un problema con la Libreta Militar, el grado sería el próximo 25 de septiembre, por fin seré un profesional de las ciencias sociales, y espero darle buen uso a mi título profesional. Así que desde ya pueden estar pensando en que regalo hacerme para ese día XD. En fin este paso por Ibagué fue productivo por este motivo, no obstante, siento que finalmente esa ciudad me derrotó, la monotonía fue agobiante, la sensación de vivir un círculo, un eterno retorno, a pesar que el sol brilló todos los siete días que estuve allí, no dejó de ser la ciudad lúgubre de nubes grises, imagen que siempre he tenido de esta ciudad, imagen que me recreé durante los seis años que viví allí. Pero bueno, ahora estoy de regreso a Puerto Boyacá donde no cambia la situación, pero allí está mi familia, y ayuda que la soledad que inunda mi corazón sea más llevadera, está el trabajo y en últimas es la tierra en la que crecí, pero que sé que más tarde que temprano tendré que abandonar, ya que poco a poco siento que me está quedando chica, situación en la que cabe la metáfora de pez grande en pecera chica.
Posdata, quiero aprovechar la situación para saludar a Calila, que por lo que he leído recientemente en su blog, anda un poco baja de ánimo, así que arriba niña, que el dolor que siente no te abrume, que esta nueva etapa que comienzas en tu vida lejos de un pasado que te lastima sea la oportunidad para sacarle el mejor de los provecho y levantarse como de las cenizas como el fénix con un plumaje más dorado y llena de vitalidad.










