Actualmente vivo en un municipio que alguna vez fue considerado como uno los más violentos en Colombia, crecí entre romerías que a diario hablaban de muertos, pero nunca había visto a alguien recién asesinado hasta hoy viernes 3 de julio (día en que escribo esto). Mi trabajo de grado en pregrado gira en torno a esta violencia que marcó a Puerto Boyacá, la cual lo hizo autoproclamarse capital antisubversiva de Colombia, hasta hoy todo eran historias, relatos contados para mi trabajo, pero la realidad me golpeó de frente, mientras escribo esto aún siento una sensación de vacío en mi estomago. Salía de la casa de un amigo, estábamos viendo los episodios de la segunda temporada de The Big Bang THeory y vimos gente conglomerada en una esquina lo primero que pensamos fue en un accidente de tránsito, fuimos a mirar y en la acera yacía el cuerpo de un hombre y sangre a su alrededor, el casco de motociclista no me permitió ver su rostro, una nena lloraba, al ver la sangre no quise ver más, sentí miedo, pero sentí más miedo al enterarme que había sido asesinado aparentemente por robarle la motocicleta, la nena iba con él, pero no le hicieron, nada, me impactó al darme cuenta que hace unos minutos no podía parar de reírme y en un instante, la realidad violenta a la que supuestamente estamos acostumbrados a encontrarnos a diario en los medios se presentó ante mí de forma indirecta, pero a sólo 30 metros de distancia, sé que no pude ver su rostro pero aparentaba ser menor que yo, no entiendo como la vida de alguien puede resultar tan banal para un asesino a sangre fría, es duro enfrentarse ante esta situación, pude ser yo, mi hermano o cualquier persona cercana a mí, definitivamente para algunas personas la vida no tiene sentido, y esas personas hacen que me cuestione seriamente sobre el valor de la vida, acaso vale la pena el luchar a diario por mantenerse uno en este mundo al que somos arrojados, para que un día cualquiera llegue un cualquiera y decida frenar esa lucha, no es justo que existan este tipo de personas, que son capaces de disparar dos tiros a quemarropa a otro ser humano y de esa manera cortar sus aspiraciones, sueños, planes y esa lucha diaria a la que estamos sometidos. En verdad estoy altamente conmocionado ante lo que acabo de presenciar, 27 años, 20 de los cuales los viví ininterrumpidos en Puerto Boyacá, entre 10 o 15 años rodeado de una violencia innecesaria, en la que curiosamente nunca me enfrenté a una situación como esta, para que curiosamente cuando la violencia ya no era más que una serie de relatos contados en mi documental, sea ahora cuando me encuentro ante mis narices una situación como esta que en verdad llena de paranoia. Espero no volver a pasar ante algo como lo que pasó ahí, es cierto, una cosa es estudiar la violencia con los lentes del “científico” y otra muy diferente es ser parte de ella y vivirla a escasos metros de donde hasta minutos antes estabas aislado en una realidad ajena: Bienvenido al mundo real.
Escrito el 3 de Julio del 2009





