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Dark City o la reinveción de la Ciencia Ficción

Posteado en Cine con etiquetas, sobre Diciembre 8, 2007 por raulsergi

Es bien sabido que toda obra artística debe tener ciertos elementos que exijan de quien la observa cierto esfuerzo a la hora de valorarla y entenderla, de lo contrario no sería sino una propuesta trivial y cruda que se realiza sin un fin aparente. En el cine suele pasar muy a  menudo esta situación, sobretodo en el género de la ciencia ficción, pero afortunadamente de vez en cuando llega algún director despistado que rompe con este esquema y nos presenta una verdadera obra de arte (perfecta o no, pero al fin al cabo una obra de arte), tal es caso de Alex Proyas, que con su película Dark City, nos presenta una propuesta sobria, con tintes góticos y con una intención clara de homenajear al cine noir.

 Ya entrando en materia, Proyas nos presenta, como en casi toda obra de ciencia ficción una distopía, en la que el autoritarismo es llevado al extremo, (dejando claro, que ésta distopía difiere mucho de obras como 1984 de Orwell, Un mundo feliz de  Huxley o la misma Fahrenheit 45), al punto en que se controla hasta la identidad de las personas, con un fin único. Esta distopía nos  presenta una ciudad en penumbras que no conoce la luz, una ciudad convertida en  una especie de prisión.  Otro elemento que se nota en la obra de Proyas es el viaje del héroe, la evolución de su personaje principal es un claro ejemplo del viaje del héroe mesiánico  que tanto reclama la modernidad, y que la posmodernidad misma dice que ha muerto.  Dicho viaje es un pretexto que usa el autor para plantear ideas en torno a la identidad, sobre la individualidad de esta alcanzada precisamente en el ser humano, esta se expresa en el héroe mismo o la identidad colectiva que los extraños (los extraterrestres) poseen y que de una u otra forma esperan dejar atras entendiendo lo humano, presisamente pretendiendo lograr una aproximación a lo humano que  paradójicamente el Némesis del héroe alcanza a entender o más bien entender esta condición convirtiéndose en un psicópata. Otro elemento que se destaca en este film es la busqueda del alma, la idea de que esta existe y que de alguna manera hay que encontrarla, es la causa de que los extraños realicen todos los experimentos que realizan con los humanos en la ciudad.  En últimas este film nos muestra una realidad distorsionada, en la que no se sabe que es real, en la que uno como persona no se sabe si se es o no se es.

¿Pero por qué decir que Proyas reinvento la ciencia ficción con Dark City? La respuesta puede recidir en el hecho de que el autor utiliza elementos narrativos ajenos a la ciencia ficcón, si bien los elementos del cine noir ya fueron usados en Blade Runner, en la film  de Proyas es más clara la intención y los personajes están más estereotipados: la femme fatale, el detective, y el presunto asesino. También destaca el diseño de producción con aires góticos, sobretodo en el vestuario de los extraños, lo mismo sucede con la fotografía, presenta la ciudad en una penumbra total, con luces tenues y con sombras muy marcadas cuando hay una luz no tan tenue.

A que temperatura arde la hoja de un libro

Posteado en Cine, Reflexión con etiquetas, , sobre Noviembre 10, 2007 por raulsergi

La respuesta es a 451 grados Fahrenheit, dato que encontré en la película que anoche visualicé por primera vez: Fahrenheit 451, una vez terminada esta película no pude evitar que se me vinieran a la cabeza otras distopías como la Un Mundo Feliz de Huxlye o 1984 de Orwell, pero ocupémonos de esta obra, no la de Bradbury sino la de François Truffaut. El punto de partida es sencillo pero realmente reflexivo, un mundo donde los libros no tienen cabida, donde leer es un sacrilegio y todo libro que es encontrado se quema, y el que lee es arrestado, acá es cuando uno comienza a preguntarse ¿Un mundo sin libros? Para mi sería un mundo mucho imposible, pero como todo en estos días es posible. El mundo planteado en dicha película, sería un mundo en el que lo humano no encontraría una de sus formas en las que mejor encuentra su expresión.

 

Por otra parte, esta película también plantea un problema que el autor (no se si Bradbury lo hiciera pues no he leído la novela) es el de la televisión, esto se evidencia con el personaje de Linda la esposa del protagonista, para quien la vida es pasarse enfrente de un televisor y consumir pastillas para mejorar el estado de ánimo(un punto en común con la obra de Huxley con el soma que era la droga de la felicidad en Un Mundo Feliz), es que para el año de la película 1966 esta es una visión de algo que pasa actualmente o acaso es mentira cuando se afirma que la televisión y otros medios tecnológicos han desplazado los hábitos de lectura. Otro aspecto relevante en la película es de los Hombre-Libro, que no son más que personas que escogen el libro que más les agrada y se lo memorizan para perpetuar la memoria de los libros, es decir: literalmente se convierten en libros vivos, esperando que la humanidad se de cuenta de su error para que esto vuelvan a ser reimprimidos y así la humanidad empiece de cero.

 

Esta obra como la mayoría que hablen de distopías se pueden analizar desde el punto de vista de la posmodernidad, en donde compaginan varios elementos, de los cuales voy a destacar sólo dos, el primero es el de una sociedad altamente industrializada, en donde se llega a extremos como producir seres humanos en serie, como si se tratara de un producto industrial más; el segundo elemento es el de la negación del arte y cualquier conocimiento al científico como algo valido para el desarrollo de la humanidad, tesis defendida por Lyotard en “La Condición Posmoderna”. Acá cabe preguntarse lo humano puede llegar a concretarse sin el arte, o sin expresar sentimientos diferentes a la felicidad como lo quisiera el personaje del capitán Beatty, si supiera que el futuro cercano llegaría a ser así, prefiero morir después del punto final.

 

Nota: Cómo no se como sea el futuro al paso que vamos, prefiero arriesgarme y omitir la frase final del post.

 

Nota 2: Pregunta ¿Qué libro se memorizaría para perpetuarlo? Yo memorizaría “La Habana para un infante difunto” de Guillermo Cabrera Infante.