Ha terminado otro ciclo de mi vida el pasado viernes 25 de septiembre, después de dos años de haber terminado materias en el programa de Profesional en Ciencias Sociales de la Universidad del Tolima. Claro que antes de lograrlo tuve que sustentar mi proyecto de opción de grado, el cual fue un documental que abordaba la violencia en el municipio de Puerto Boyacá, pero no desde una perspectiva histórica, como ya se ha hecho, sino desde una visión que buscaba escudriñar los imaginarios y representaciones sociales resultantes de esta violencia generado por los diferentes grupos al margen de la ley que operaron en la región. La fecha de sustentación fue el pasado 29 de julio y sin contratiempos logré terminar el único requisito que me hacía falta para obtener mi título profesional, y acá estoy ya hecho todo un profesional.
Como decía anteriormente, con la obtención de este título, he cerrado un ciclo de mi vida que se vivió en Ibagué y que duró aproximadamente siete años, y hoy pese haber logrado mi título, me siento derrotado por esta ciudad que me dio mucho pero así mismo me quitó. A esta ciudad siempre la consideré una ciudad lúgubre y grisácea y pese a contar con días soleados la sensación que me abarca es ésta. No lo niego, he pasado también buenos momentos en esta ciudad, allí conocí a la mujer que durante el último año y un poco más era mi excusa para intentar ver a Ibagué de otra manera y funcionaba mientras estaba al lado de ella pero una vez la perdí, de nuevo esta ciudad me derrotaba y se convertía de nuevo en la ciudad de cielo gris y tono lúgubre. Ahora cada vez que viajo, la ciudad se me hace inmensa, las calles llegan a medir kilómetros eternos mientras las camino sin ella a mi lado, de verdad la extraño, y aunque sé que cometí errores y que en parte yo la alejé de mi vida, por ahora va a ser muy difícil que vuelva a esta ciudad, ya no está ella, no para mi, al menos como quisiera que fuese, y por otro lado ya terminé mi carrera universitaria, y ahora contento eso sí, ya soy profesional ya sólo queda esperar a comenzar a recibir los frutos de esos años de academia.


Sobre la Web 2.o se lleva hablando mucho, permitió darle al internet un uso de verdadera interacción entre los cibernautas, en la misma web se encuentra información a raudales sobre este fenómeno, por lo que no pienso extenderme sobre este punto, pero si pienso hablar un poco sobre algo que descubrí recientemente y es el uso de la Web 2.0 en la música, es que en la basta red se ha venido hablando bastante sobre la forma de acceder a la música en el internet sin “violar” y “atentar” en contra de los derechos de las disqueras, perdón, los derechos de autor. De pronto el fenómeno más reciente y más sonado al respecto en los últimos meses, ha sido Spotify, es una página a la que accedes, - eso sí, sólo si vives en los países permitidos – y descargas un programa desde el cual puedes acceder a un gran número de música, ellos dicen que más de tres millones de canciones, la interfaz del programa es lo que lo hace bastante llamativo, es muy fácil de manejar, además en el puedes crear tus propias listas de reproducción y compartirlas, de ahí lo del 2.0, también destaca la calidad de la música, toda uniforme y sin consumir demasiado ancho de banda, lo cual es una maravilla teniendo en cuenta la velocidad del internet en nuestro países, o por lo menos en el municipio en donde vivo. Pero no todo es bueno en Spotify, la restricción de países, margina una gran cantidad de países, y toda latinoamerica está dentro de ellos, todo gracias a las disqueras, que ellas todas altruistas, protegen los derechos de autor (fin del sarcasmo), sin embargo, han habido
Cansado de las restricciones de Spotify y de 

